Valeria Zurano
Me duelen los trenes como si fueran venas y arterias que están estranguladas
como si los que viajáramos fuésemos sangre coagulada
pero necesitamos volar y nos retienen
viajo para dejar de verte, pero el tren arrulla tu ausencia
aparecés en una partida de truco, en la distancia de un cigarro, en una lata de cerveza,
en ese vendedor que pasa ofreciendo pura fina golosina
y yo la compro
para resguardarme de tu imagen, para perdonarme por esta forma de viajar a ningún sitio
mientras llueven las flemas de los niños y buscamos desesperadamente
un sucio rincón que nos cobije.
Me duelen los trenes porque han sido capaces de cortarme las piernas
de llenarme la boca con esta violencia que compro
compro una banqueta que sostenga, compro piernas desparramadas por el suelo,
compro un resorte con una etiqueta de emergencia, compro una sustancia líquida
que recorre los pisos y crea cierta desconfianza
compro para arreglar este desmembramiento constante que agota, el abismo dentro de los ojos,
la sombra naciendo en el pecho, el conocimiento frívolo, el cuerpo mutilado
alguien me regala un hermoso rincón
para pensar en los que me acompañan, que no conocen esta triste felicidad del viaje,
cuando voy a buscarte.
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