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sábado, 9 de abril de 2011

LA BALADA DEL LADO SUR DEL CORAZON: Un poema del poeta colombiano Mario Armando Valencia

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       Mario Armando Valencia


Tomado de la saga inédita: “Observatorio de pájaros”:
Ahora tienes un pájaro que nunca llora porque su corazón se mantiene tibio en su nido de barro, un pájaro que siempre se prende a un ladito de tu corazón y junto a él emprende largas marchas desde las auroras boreales del norte hasta los vientos alisios del sur.

Un pájaro que lo ve todo: un bien te vi cuya tarea fue cuidarte desde siempre entre el bosque y los jardines de hortensias, sin que lo supieras, en las largas tardes estivales entre la laguna, el mar y la tierra. Un pájaro que desde siempre te acompaña y te persigue, al lado de los aviones, en primera clase, volando de la mano con las cometas.

Es un pájaro enorme y protector: al que tú le llamas Juan bobo porque puedes confesarte ante él y al día siguiente negarlo todo sin que él se moleste.

Este pájaro entiende el amor como un tango humildemente vestido, sonando en el aire solitario en una plaza de mercado en Quito, Praga o en Montevideo. Que vive el amor como una fuente en forma de candado, enlazando mundos, y bañándose en el agua fresca que hace inmortales a los amantes.

Es un pájaro especial. Al que tú le has dado la fuerza del viento del sur capaz de vencer en su recorrido toda la soledad de la pampa, las magnificas montañas de los Andes. Un pájaro que cuando siente el dulce rumor que bulle en laguna de los patos se transforma en un lúcido astronauta navegando entre el mar y la noche abierta de estrellas.

Un día ese pájaro se acercó tímidamente hacia ti, lo recuerdas? se posó a tu lado, cruzo las alas y lloró. Y tus labios ebrios cantaron para él la canción de la esperanza.

Una esperanza con esquinas iluminadas por chorros de luces de neón que bañaban diagonalmente su rostro, una esperanza color malva que convocaba ángeles, ballenas y jaguares para la fiesta y la danza.

Ese día el pájaro temblaba de fiebre y de sed hasta arrugarse como un pequeño bandoneón. Pero tú tienes una fuente mágica que te provee de vino caliente, un vino que no se sabe bien si es de América o de Europa. Ese día le diste un sorbo de ese vino de cepa sin madre, y escanciaste para él, la última y definitiva copa:

Al final de una noche gótica frente al bravo atlántico sur, el mal del pecho del pájaro se fue lentamente entre las espumas. Un nido, una canción, una esperanza, celebraron las alianzas para siempre. Ahora los pájaros, las casas, los bosques y los ríos cantan desde el lado sur de su corazón.










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